El sistema logístico del Noroeste Argentino (NOA) recuperó una de sus arterias fundamentales para el comercio internacional y el movimiento de insumos industriales. Tras un período marcado por limitaciones operativas, el Complejo Fronterizo Paso de Sico restableció formalmente su esquema de atención habitual y quedó habilitado para operar al 100% de su capacidad y sin ningún tipo de restricciones.
La normalización del paso internacional, que conecta de manera directa a la provincia de Salta con la Región de Antofagasta en Chile, fue posible gracias al restablecimiento de la atención presencial por parte de las autoridades y organismos fronterizos del vecino país. De esta manera, se dejaron atrás las medidas de contingencia y las restricciones que afectaban el flujo de transporte, reactivando el valioso mecanismo de control integrado en el nodo de la Puna.
Inversión provincial en infraestructura de control
La plena reapertura del complejo requirió de un fuerte esfuerzo presupuestario por parte del Estado salteño. Con el objetivo de reacondicionar las instalaciones y adaptarlas a las demandas de los organismos de control de ambos países, se ejecutó una inversión provincial superior a los $1.000 millones destinada a la concreción de obras civiles y la adquisición de equipamiento tecnológico.
Gracias a este desembolso, el complejo quedó plenamente operativo para dar respuesta ágil a tres segmentos de tránsito diferenciados:
Transporte de cargas: Flujo logístico de camiones mineros y comerciales.
Vehículos particulares: Tránsito vecinal y de conectividad regional.
Turismo internacional: Movimiento de pasajeros a ambos lados de la cordillera.
El impacto estratégico en el Corredor de Capricornio
La rehabilitación del Paso de Sico no solo representa una mejora aduanera local, sino que impacta de manera directa en la competitividad estructural de la minería del NOA, dinamizada fuertemente por los proyectos de litio y metalíferos en etapas avanzadas.
Al recuperar su plena capacidad operativa, se fortalece de forma inmediata la conectividad del denominado Corredor Bioceánico de Capricornio. Para la cuenca minera regional, este eje transfronterizo constituye la vía más rápida y eficiente para movilizar la producción hacia los puertos del norte de Chile (como Antofagasta y Mejillones), nodos marítimos desde donde se despachan los minerales hacia los exigentes mercados de Asia y el resto del mundo.